Arte y salud mental

Así como la literatura, las artes plásticas mantienen una comunión ineludible con los procesos mentales.

En esta sección encontrararemos las diferentes manifestaciones artísticas relacionadas con la salud mental: artes plásticas, música, cine y teatro

 

El arte en el hospital
Mi experiencia en el Borda

La artista plástica Mariana Savaso nos relata, en distintas entregas, lo que experimentó durante sus años en el taller de plástica del hospital psiquiátrico José T. Borda.

La autora
Capítulo 1: Donar arte

La convocatoria aparecía en Facebook con una frase inusual: se buscaban “dadores de arte”. La formulación tenía algo deliberadamente provocador. Evocaba, de manera inevitable, la imagen de los dadores de sangre, pero trasladada al terreno artístico. La pregunta surgía casi de inmediato: ¿se puede donar arte? Esa idea fue suficiente para despertar mi curiosidad.

Hasta ese momento nunca había entrado a un hospital de salud mental. Tampoco conocía a nadie que participara del proyecto. Aun así decidí ir. Fui sola, con un bastidor, algunos pinceles y un par de pinturas. Atravesar los primeros pasillos del Hospital Borda fue una experiencia difícil de describir con precisión. Había una mezcla muy intensa de sensaciones: miedo, curiosidad y una expectativa creciente por descubrir qué iba a encontrar del otro lado de esa convocatoria tan extraña.

El hospital tiene una arquitectura que impone presencia. Los pasillos largos, los patios, los edificios antiguos. Mientras caminaba buscando el lugar indicado pensaba que estaba entrando en un territorio completamente desconocido para mí. Cuando finalmente llegué al Centro Cultural del Borda, la escena que encontré era muy distinta a la que había imaginado.

Una persona dormía sobre una mesa con los brazos cruzados sobre el pecho, y algo era muy interesante en aquel lugar no sabía quién era paciente y quien artista.

Había bastidores apoyados contra las paredes, frascos con pinceles, telas a medio pintar. Algunas personas trabajaban concentradas en sus cuadros; otras conversaban alrededor de una mesa llena de materiales.

Con el tiempo entendí que lo más importante de ese lugar no era la obra que se producía, sino lo que ocurría alrededor de ella. La pintura funcionaba como una excusa para el encuentro. En ese contexto comenzó a tomar forma una idea que después se convertiría en un proyecto: invitar artistas a donar arte.

Pero la donación no consistía en llevar una obra terminada. La propuesta era otra. Los artistas llegaban al hospital, desplegaban sus materiales y pintaban allí mismo. Durante ese proceso, las personas internadas se acercaban, miraban, preguntaban y muchas veces participaban.

Algunas obras terminaban siendo colectivas sin que nadie lo hubiera planeado. Cuando la jornada terminaba, la pintura quedaba en el Centro Cultural. Había algo profundamente simbólico en ese gesto. El arte dejaba de ser una pieza destinada al circuito de galerías para convertirse en un acto de entrega. Así empezó a tomar forma lo que con el tiempo llamaríamos “Dadores de Arte”.

A medida que las jornadas se repetían, comenzaron a llegar artistas de distintos lugares. Algunos participaban una sola vez; otros volvían una y otra vez. Poco a poco el hospital se fue llenando de pinturas. Pero lo más interesante no era la cantidad de obras. Lo que estaba ocurriendo era otra cosa. El arte estaba atravesando un muro.

Y ese muro no era solamente el del hospital.

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